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Por Francisco Moncayo*. Frente al sistema político y la clase dirigente que se ha enquistado en la dirección de la administración pública y las instancias de representación y decisión más relevantes en el país, para el movimiento social y la sociedad colombiana existe el imaginario de que no se puede esperar mucha seriedad ni alojar muchas esperanzas en las promesas “politiqueras” que históricamente le han hecho los distintos mandatarios de turno, ya sea a nivel local, regional o nacional.

 

Sin embargo, se debe referenciar algo indiscutiblemente relevante sobre los resultados de los encuentros en mesa de negociación entre el gobierno y el movimiento social; es un resultado logrado con esfuerzo, resistencia, persistencia y hasta con la vida del pueblo movilizado, y se trata de la ganancia política que representa el haber puesto en evidencia que el gobierno no se encuentra ni con la preparación ni la disposición para asumir un proceso de paz con la sociedad.

La estrategia del gobierno recurrió como siempre a la invisibilización y hasta la subvaloración de las movilizaciones y el proceso de unidad que viene constituyéndose desde hace varios años. Pero esta vez, con la experiencia de los desplantes, sabotajes y canalladas de parte del gobierno, las organizaciones sociales campesina, indígenas y populares del campo y la ciudad, lograron que el impacto de las movilizaciones trascendiera por encima de los típicos señalamientos, para posicionarse como un conjunto de demandas legítimas y concentradoras de un clamor generalizado de la sociedad colombiana: que el gobierno debe entender que las problemáticas del país no se solucionan solamente desde los acuerdos que se van a firmar con la insurgencia en La Habana.

Ahora, si bien el gobierno está adelantando un show mediático por el logro de un acuerdo con una de las insurgencias del país, el paro y la movilización le recuerdan que la paz se debe conseguir con un acuerdo donde estén todos los actores.

De tal manera, su estrategia mediática se verá forzada a modificarse o a perecer si no asume un compromiso real y un desarrollo real de un acuerdo de paz con la toda sociedad.

Finalmente, como es de costumbre, el gobierno dilatara e incumplirá suficientemente los acuerdos a que haya llegado con el movimiento social, pero cada vez queda más claro que el nivel de respuesta y organización para garantizar justicia van en aumento progresivo en los caminos y andares de la movilización social y popular. 

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* Por Francisco Moncayo. Politólogo, investigador del Instituto José Martí - Bogotá

 

 

 

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